EUPJ Torah

Vayakhel – Español

Ten Minutes of Torah

Parashat Vayakhel – Construir la santidad juntos

por rabino Akiva Weingarten (traducción por Renata Steuer)

Después del drama de la revelación, la ruptura y la reparación, la parashá Vayakhel comienza de forma tranquila, casi modesta:

“וַיַּקְהֵל מֹשֶׁה אֶת כָּל־עֲדַת בְּנֵי יִשְׂרָאֵל”
“Moshe reunió a toda la comunidad de los Hijos de Israel” (Éxodo 35:1).

Antes de que exista el Mishkán, antes de que haya oro, artesanía o un espacio sagrado, está la kehila (la comunidad). La Torá nos recuerda que la santidad no empieza con edificios, sino con personas dispuestas a volver a reunirse después de la traición, la decepción y el miedo. Este momento llega inmediatamente después del pecado del Becerro de Oro. La comunidad ha fallado de forma estrepitosa. La confianza se ha quebrado. Y, sin embargo, la respuesta no es la exclusión, el castigo ni la desesperación. Es el reencuentro.

Vayakhel no trata de la perfección. Trata de volver a comprometerse.

El Mishkán suele entenderse como un santuario portátil, un lugar donde Dios habita. Pero la Torá deja claro que solo llega a existir gracias a la participación voluntaria:

“כֹּל נְדִיב לִבּוֹ יְבִיאֶהָ”
“Todo aquel cuyo corazón lo impulse traerá una ofrenda” (Éxodo 35:5).

No se trata de una religión impuesta. No es un entusiasmo ordenado por mandato. Es un modelo de vida judía construido sobre el consentimiento, la responsabilidad y el sentido de pertenencia compartido. Ninguna persona por sí sola construye el Mishkán. Ni Moshe, ni Betzalel, ni los ancianos. Solo el colectivo puede hacerlo.

Para las comunidades judías de Europa hoy, este versículo habla con una urgencia particular. La vida judía aquí no es algo que se dé por sentado. No funciona por simple inercia histórica. Cada servicio en la sinagoga, cada clase, cada celebración de una festividad existe porque alguien estuvo presente, alguien ofreció su tiempo, alguien se preocupó lo suficiente como para contribuir.

Vayakhel nos enseña que el espacio sagrado surge cuando las personas asumen responsabilidad no solo por su propia espiritualidad, sino también por la de los demás.

Hay otro detalle llamativo en esta parashá: antes de que Moshe hable del Mishkán, habla del Shabat.

“שֵׁשֶׁת יָמִים תֵּעָשֶׂה מְלָאכָה… וּבַיּוֹם הַשְּׁבִיעִי שַׁבַּת שַׁבָּתוֹן” (Éxodo 35:2)
“Durante seis días se podrá trabajar, pero en el séptimo día tendréis un Shabat de descanso completo”.

Incluso la construcción de un espacio sagrado debe detenerse ante el tiempo sagrado. La Torá insiste en que construir una comunidad sin descanso, sin ritmo, sin límites termina siendo destructivo. El Shabat no es una interrupción del proyecto sagrado; es su marco ético.

En una Europa que muchas veces mide el valor de las personas a través de la productividad y la eficiencia, este es un mensaje profundamente contracultural. La vida judía no existe para justificarse en términos económicos o políticos. Existe para santificar el tiempo, las relaciones y la responsabilidad moral.

Uno de los aspectos más radicales de Vayakhel es que todos contribuyen. Hombres y mujeres, artesanos y líderes, quienes traen oro y quienes hilan lana. La Torá señala explícitamente:

“וַיָּבֹאוּ הָאֲנָשִׁים עַל הַנָּשִׁים”
“Los hombres vinieron junto con las mujeres” (Éxodo 35:22).

No se trata de jerarquía; se trata de colaboración. El Mishkán es un logro compartido y, por lo tanto, pertenece a todos.

Para las comunidades judías progresistas, especialmente en Europa, esto resuena profundamente. La continuidad judía aquí no puede apoyarse exclusivamente en estructuras heredadas. Requiere creatividad, apertura y el coraje de reimaginar la presencia judía tal como se manifiesta hoy: en la cultura, la educación, el ritual y la vida pública.

Además, hay algo profundamente terapéutico en esta parashá. Después del Becerro de Oro, uno podría esperar que Dios se retirara. En su lugar, Dios pide habitar entre el pueblo:

“וְשָׁכַנְתִּי בְּתוֹכָם”
“Y habitaré entre ellos” (Éxodo 25:8).

No en el Mishkán, sino entre las personas.

Esta es una teología de la cercanía. Dios no se encuentra en comunidades perfectas, sino en comunidades que se proponen reconstruirse juntas. Este mensaje tiene una gran importancia en el contexto judío europeo, marcado por el trauma, la pérdida y la ruptura. La vida judía aquí a menudo se define por lo que fue destruido. Vayakhel insiste en que también hablemos de lo que todavía puede ser construido.

Y quizá el momento más conmovedor llega al final: el pueblo trae demasiado. Moshe tiene que decirles que se detengan. Ya hay lo suficiente.

Suficiente generosidad.
Suficiente compromiso.
Suficiente esperanza.

En un momento en que las comunidades judías con frecuencia se sienten pequeñas, vulnerables o inseguras respecto a su futuro, este detalle resulta casi subversivo. La Torá se atreve a imaginar un momento en que la responsabilidad comunitaria desborda.

La parashá Vayakhel nos invita a preguntarnos: ¿qué significa hoy construir una vida judía no desde el miedo, sino desde la voluntad? ¿No como reacción, sino como visión?

La santidad comienza cuando nos reunimos. El resto, sugiere la Torá, puede venir después.

El rabino Akiva Weingarten es el rabino principal del estado de Sajonia, en Alemania, y rabino de la ciudad de Dresde. Anteriormente sirvió a la comunidad liberal Migwan en Basilea, Suiza. Es fundador de la sinagoga Haichal Besht en Bnei Brak, Israel, de la sinagoga Haichal Besht en Berlín y de la yeshivá Besht en Dresde.

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